Este breve ensayo tiene como próposito principal la defensa de lo que en el mundo hispanoaméricano se conoce como la Fiesta Brava. He de comenzar aclarando que mi gusto por los toros es relativamente reciente (diez años quizás) y sin embargo he sido testigo de cómo los llamados antitaurinos en general, e incluso por parte de partidos políticos como el Verde ecologista que de verde solo tiene a esos representantes en las curules, y de ecologista mejor ni hablamos.
Por ello me permito escribir estas líneas, que no pretenden, y eso que quede absolutamente entendido: “convencer a nadie de nada, ni cambiar a alguien que este en el bando contrario a que se pase al mío”; no no es ese el objetivo, sino apartir de este ensayo movernos a la reflexión y defender cada uno su posición con argumentos y no con un simple “sí a las corridas,” o de la contraparte un“¡no a las corridas!”.
Ante todo comenzaré por manifestar mi apoyo absoluto a la existencia de la fiesta brava y mi posición por la defensa por la vida y preservación de la especie: el llamado Toro de Lidia; que junto con el torero son quienes hacen posible para los que así lo vemos el arte taurino.
He de decir también que lo que me mueve a escribir mis argumentos en defensa del toro son ante todo el sentido común y también un poco de historia.
Si echamos un vistazo a la historia de la humanidad (aproximadamente 20 mil años) el homo sapiens además de alimentarse con los vegetales que la naturaleza le proveeía, comenzó a matar animales para sustraer de ellos el alimento; las pieles para su cobijo, así como los huesos o colmillos para fabricar las primeras herramientas que utilizó para la construcción de sus primeros resguardos y para la caza obvio: de animales. Es decir, desde que el hombre es hombre desarrollo para desgracia y desde el punto de vista de algunos, ese instinto de matar, primeramente para sobrevivir y se convirtió como todos sabemos en el mayor depredador que ha habitado este planeta.
¿Entonces? Desde mi perspectiva algo salió mal, según del punto cientifico o religioso que se quiera ver, la naturaleza o Dios se equivocaron al poner al hombre en este planeta llamado tierra, ya que parecería que antes de nuestra llegada esto era un paraíso y todo estaba bien hasta que organizados como sociedades colonizamos la tierra, construyendo primero reducidas comunidades, después pequeños pueblos, y por último grandes ciudades a través de los siglos. Es bien sabido también y eso lo explican mejor los especialistas que el hombre a diferencia de las demás especies, ha tenido desde su genesis la necesidad de crear dioses, deidades que le han permitido también desarrollar su parte existencial y espiritual, es decir, los ritos han estado y seguiran estando presentes de muchas maneras y de diferentes manifestaciones dependiendo la sociedad o cultura que las genere; el caso de los toros es de entrada un residual histórico que existe milenios atrás y que como en el caso de los griegos supieron plasmar en su cultura en general y su mitología en lo particular.
Es por ello que...